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Espacio CELAC

Una crisis sanitaria global de proporciones abrumadoras

Mariano Francisco Laplane

Director Ejecutivo de Relaciones Internacionales

Universidad Estatal de Campinas

Lamentablemente el Brasil pasa por un momento de dificultades y de divisiones internas, pero pueden estar ustedes seguros de que la Universidad de Campinas, así como las otras universidades de la región, sabrá hacer su parte.

Soy portador de un cordial saludo del rector de la Universidad de Campinas, el profesor Marcelo Knobel, a quien tengo el honor de representar en esta ocasión. Un saludo especial para nuestros anfitriones en México y para la doctora Alicia Bárcena, de la Secretaría Ejecutiva de la CEPAL.

Vivimos en un mundo en rápida mutación. A las disputas geopolíticas, a las tecnologías disruptivas, al cambio climático y a las tensiones sociales y políticas al interior de nuestros países se ha sumado ahora una crisis sanitaria global de proporciones abrumadoras.

La pandemia ha expuesto la fragilidad de nuestra economía y de nuestra sociedad de manera brutal. Teníamos la falsa impresión de que el atraso y la vulnerabilidad estaban localizados en grupos sociales y espacios restrictos del territorio urbano y rural. El momento actual nos muestra que la fragilidad es mucho más amplia y más profunda.

Nuestro modo de producir y de consumir, nuestro estilo de vida y las bases mismas de nuestra sociabilidad han demostrado ser extremamente frágiles. Para sobrevivir hemos tenido que aislarnos, con un costo muy elevado.

No debemos ahorrar esfuerzos para preservar la vida, pero no podemos dejar caer en el olvido la lección que hemos aprendido. Un nuevo modelo de desarrollo debe impulsar la región hacia una economía más dinámica y hacia una sociedad menos desigual, mejor preparada para enfrentar las amenazas ambientales y sanitarias que vendrán.

El conocimiento científico y tecnológico es indispensable para prevenir, detectar y diseñar respuestas ágiles a esas amenazas. Esta es la contribución que las universidades e instituciones de investigación de nuestros países están aptas a realizar.

Pero el conocimiento solamente es útil si los gobiernos lo aprovechan para orientar sus políticas, y si las empresas y demás actores de la sociedad civil lo transforman en innovaciones para promover el crecimiento y el bienestar.

El conocimiento debe ser utilizado para mejorar y ampliar nuestros sistemas de salud y de educación, hacer más habitables y seguras nuestras ciudades, hacer más sostenible nuestra producción y consumo de energía y alimentos, modernizar nuestra infraestructura de transportes, de tratamiento de agua, de procesamiento y de comunicación de datos, de voz y de imagen.

Sin embargo, es evidente que, además de conocimiento, harán falta recursos financieros en una escala tan colosal que solamente podrán ser movilizados por una convergencia de iniciativas de actores públicos y privados.

Es necesario que las empresas identifiquen las oportunidades de negocios que ofrece la construcción de una economía más dinámica y más resiliente y realicen las inversiones que juzguen convenientes.

Es igualmente necesario que la sociedad civil indique al Estado cuáles son los bienes y servicios públicos indispensables para sostener el bienestar y la seguridad de todos.

Para que el Estado los pueda proveer habrá que construir bases de financiación sólidas para la inversión pública, con fuentes no inflacionarias ni generadoras de niveles de endeudamiento interno o externo insostenibles.

Hemos perdido demasiado tempo diciéndole al Estado qué es lo que no debe ni puede hacer. Ha llegado la hora de que la sociedad diga qué es lo que quiere que el Estado haga.

Establecer objetivos claros, definir misiones a realizar por medio de la cooperación entre la iniciativa pública y la privada es la única manera de que nuestra región supere décadas de retórica y de reformas inspiradas en modelos teóricos abstractos.

Una tarea, en particular, se hace urgente para que el nuevo modelo de desarrollo pueda ser construido con cohesión social y legitimidad democrática.

Debemos desmontar los mecanismos que realimentan de manera crónica la desigualdad de condiciones de vida y de oportunidades en la región. Es necesario, como bien lo ha señalado la CEPAL en los documentos aprobados en los períodos recientes de sesiones, construir con tenacidad mecanismos que promuevan la igualdad.

Si conseguimos movilizar la sociedad, si las empresas y los gestores públicos asumen con responsabilidad las iniciativas necesarias, superaremos la pandemia, retomaremos el camino del desarrollo y la próxima amenaza nos encontrará mejor preparados y más cohesionados.

Lamentablemente el Brasil pasa por un momento de dificultades y de divisiones internas, pero pueden estar ustedes seguros de que la Universidad de Campinas, así como las otras universidades de la región, sabrá hacer su parte. Ya hemos movilizado a nuestros investigadores para la búsqueda de respuestas y nuestro sector de salud para prestar servicios a la población de Campinas y estamos listos para participar en acciones de cooperación regional.

Campinas, San Pablo, Brasil 29 de mayo de 2020