La noción de “malos sujetos” en la obra de Mariflor Aguilar

• Mariflor Aguilar Rivero 
SECCIÓN: DOSSIER
• Laura Echavarría Canto. Doctora en Pedagogía (2014), Maestra en Pedagogía (2007) y Licenciada en Economía (2000) por la Universidad Nacional Autónoma de México. Especialización en análisis de Políticas Educativas (UIA) y Especialización en Economía Laboral (UNAM). Adscrita al Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav-IPN y al Proyecto PAPIIT. Violencia, territorio y construcción de identidades de la Facultad de Filosofía y Letras-UNAM. Líneas de investigación: los sujetos de la globalización y la fábrica global: El caso de la industria maquiladora en México y el caso de los migrantes mexicanos en Estados Unidos. lechavar@cinvestav.mx


 

Resumen

 Se realiza una genealogía de la noción de malos sujetos en distintas etapas de la obra de Mariflor Aguilar desde su reivindicación de Althusser en Teoría de la ideología, donde se observa la recuperación de dos linajes teóricos: la filosofía heideggeriana y el psicoanálisis lacaniano pasando por la figura de Antígona en su crítica del sujeto, hasta la argumentación a favor de la resistencia en su libro Resistir es construir. Se profundiza en la articulación que la autora realiza entre Hermenéutica y posestructuralismo a partir de la alteridad y desde esta visión se aborda su debate en torno a este tema con Ernesto Laclau.

 

Palabras clave: Sujeto, Althusser, Teoría de la Ideología “Aguilar”, Malos sujetos.

Abstract

 

A genealogy is done on the notion of bad subjects in different moments in Maryflor Aguilar´work starting with her revindication of Althusser in Theory of the ideology, where we can see the recovery of two theoretical lineages : the Heidegger philosophy and the Lacanian psychoanalysis, passing through the image of Antigona in his Criticism of the Subject up to the arguments in favor of the resistance in his book Resisting is building. It goes deeper in the author´s articulation between Hermeneutics and poststructuralism starting from the otherness and from this vision the debate around Ernesto Laclau is taken.

 

Keywords:  Subject, Althusser, Theory of Ideology “Aguilar”, Bad subjects.

 

La génesis de la noción de “malos sujetos” de Mariflor Aguilar puede rastrearse en una de sus primeras obras: Teoría de la ideología donde ubica a la conformación identitaria en el campo de lo social pues es en este campo donde el sujeto se constituye y este campo social se conforma por múltiples espacios, por ello estudia a profundidad a Louis Althusser, quien desde el marxismo estructuralista va a cuestionar la autotransparencia de la conciencia moderna, poniendo en el centro del debate la noción de ideología, la cual se concibe como locus de interpelación de los individuos en tanto que sujetos, la que adicionalmente los constituye como tales.

En esta pionera obra, Mariflor presenta la genealogía del concepto de interpelación en su relación con la categoría de identificación, la cual le permite ubicar los procesos constitutivos del sujeto en diversos momentos de la construcción de su subjetividad.

Su objetivo en esta obra es presentar y entender el problema de la interpelación, palabra proveniente del latín y que presenta dos acepciones, la primera central en el psicoanálisis se refiere a interrumpir un discurso (la interpelación fue tradicionalmente usada en el parlamento y señala al uso de la palabra que hace un diputado o senador para interrogar o exigir explicaciones sobre un asunto); la segunda, utilizada en la teoría de la interpelación althusseriana alude al llamado de los aparatos ideológicos del Estado1, de la ideología que interpela a los individuos y los constituye en sujetos. Aguilar2 señala:

...esta tesis no puede comprenderse si no se toma en cuenta la intervención del registro de lo imaginario en la constitución del sujeto. Es sobre este registro donde se realiza la interpelación que no es otra cosa que la identificación del individuo con la imagen que la ideología le presenta de aquello que él quisiera ser y que todavía no es y al mismo tiempo, de aquello que la ideología “quiere” que el individuo sea.

En este sentido, y siguiendo a Althusser, su noción de interpelación alude al llamado que los aparatos ideológicos del Estado realizan sobre el sujeto, generando dos procesos: por un lado, constituyen (en un sentido productivo) al sujeto porque no hay subjetividad al margen de lo social, el sujeto deviene en tal precisamente por la interpelación ideológica; por el otro, lo construyen como sujeto sujetado, como “buen sujeto” que responde a los llamados de la interpelación.

En este contexto, Aguilar3 en una etapa posterior plantea que en su teoría del sujeto se debe

…jugar con el doble sentido de la palabra –tanto en francés como en español- en el doble sentido del sujeto agente y de sujetamiento, aludiendo a la oposición latina subjectum/subjectus. Subjectum que corresponde a lo que Hedidegger denunció como lo que está por debajo, a la base de todo lo demás, como una sustancia estable e impersonal; Subjectus, que en sus orígenes tenía el sentido de estar bajo sujeción del poder y de la norma del soberano o bajo el sometimiento del orden político y legal, orden impuesto y en apariencia aceptado voluntariamente como legítimo.

En este sentido, en la teoría del sujeto en la obra de esta importante filósofa pueden rastrearse dos linajes teóricos: la filosofía heideggeriana y la apropiación althusseriana del psicoanálisis lacaniano que desarrolla a profundidad.

De Heidegger retoma su objeción a la idea cartesiana moderna de un sujeto que se sostiene a partir de su posesión de un significado de fundamento absoluto, de autoconciencia y de autotransparencia. Al analizar el famoso estudio La proposición de fundamento, donde Heidegger4 señala: “la prevalencia de la interpelación en pro del emplazamiento del fundamento se incrementa hasta lo imprevisible…La proposición fundamental del fundamento dice: todos y cada uno de los entes tienen un fundamento”, de esta manera, para Heidegger, el ente interpelado se identifica con la interpelación cuando esta conlleva una racionalidad científica, un cálculo racional, Heidegger5 plantea:

…el hombre actual corre el peligro de no poder medir la grandeza de todo lo grande más que según la escala del principium rationis. Sabemos hoy, sólo que sin entenderlo a derechas, que la técnica moderna impele incesantemente al impulso emprendedor de sus instalaciones y productos, en pos de la perfección omniabarcante de la mayor perfección posible… La perfección de la técnica no es sino el eco de la interpelación en pro de la perfectio, es decir, de la completud de la fundamentación.

Aguilar6 coincide con Heidegger, en que:

Este principio de razón, el pensar calculador, dice Heidegger, nos interpela como principio de la verdad, nos embruja de una manera que pasa por alto lo digno de ser pensado. Según esto, la interpelación tiene el sentido negativo” de sometimiento, de aceptación acrítica de lo que se propone. Escuchar la interpelación de la proposición del fundamento es estar cada vez más sumisamente atento a dicha proposición.

Sin embargo, coherentemente con su perspectiva de la posibilidad de un sujeto agente, Aguilar 7 plantea a la interpelación “como embrujo, como el embrujo que el pensar calculador ejerce en occidente y por otro lado, la interpelación que subvierte el orden, que escapa del delirio del pensar exclusivamente calculador”.

Es aquí donde se puede profundizar en el segundo linaje que nutre su noción de interpelación en la constitución de la subjetividad, como se mencionó anteriormente, Aguilar retoma de manera muy importante a Althusser reconociendo la imbricación entre la noción de interpelación y la estructura especular de la ideología en un intento por profundizar en los mecanismos de constitución del sujeto. De esta manera, Aguilar subraya la influencia lacaniana en el pensamiento althusseriano en tanto la interpelación opera a partir de llamados que constituyen parcialmente al sujeto, como sujeto social y como sujeto alienado, desde las instituciones8 que interpelan y constituyen a los individuos, pero además reivindica la incorporación del psicoanálisis que lleva a cabo Althusser en las ciencias sociales.

La autora subraya que si bien la constitución del sujeto es alienada no debe entenderse a la ideología como simple “falsa conciencia”, como representación ilusoria de la realidad por parte de los sujetos, sino como fantasía imaginaria (también inconsciente) que ordena la existencia social de los sujetos porque acuerda con Althusser9 , el cual concibe a la ideología como

…la estructura doblemente especular que asegura al mismo tiempo: 1) la interpelación de los individuos en tanto que sujetos; 2) el sometimiento (sujeción) del sujeto; 3) el mutuo reconocimiento entre sujetos y Sujeto y el de los sujetos entre sí, así como el autoreconocimiento de todo sujeto y 4) la garantía absoluta de que todo está bien como está y de que a condición de que los sujetos reconozcan lo que son y actúen en consecuencia todo irá bien,

A partir de su planteamiento de la ideología como representación de la relación imaginaria del sujeto y su existencia, Aguilar retoma a Althusser,10 quien señala:

Así, pues sugerimos que la ideología “actúa” o “funciona” de tal forma que “recluta” sujetos entre los individuos (y los recluta a todos) o que “transforma” a los individuos en sujetos (y los transforma a todos) mediante esta operación, enormemente precisa que denominamos la interpelación y que puede venir representada según el modelo de la más trivial interpelación policíaca (o no) de cada día, “eh, usted, oiga”.

Si suponemos que la escena teóricamente imaginada acaece en plena calle, el individuo interpelado gira sobre sí mismo. Esta simple operación física, girar 180° sobre sus talones lo convierte en sujeto. ¿Por qué? Porque ha reconocido que la interpelación iba “ciertamente” dirigida a él, que “era ciertamente él a quien se interpelaba.

Sin embargo, la autora cuestiona el hecho de que en la perspectiva altusseriana los aparatos ideológicos interpelan de manera siempre exitosa a los sujetos, dejando poco espacio a los procesos de des-identificación de los sujetos con los roles que los aparatos ideológicos del Estado les proponen y con ello a la irrupción del sujeto como posibilidad de emergencia de un sujeto no sujetado.

Aunque reconoce que Althusser introdujo la noción de los “malos sujetos”, como aquellos que cuestionan al orden simbólico dominante, aquellos que se rebelan ante la ideología cuando Althusser plantea: “Cogidos dentro de este cuádruple sistema de interpelación en tanto que sujetos, de sometimiento (sujeción) al Sujeto, de reconocimiento universal y de garantía absoluta, los sujetos “funcionan”, funcionan por sí solos en la mayoría de los casos, excepción hecha de los malos sujetos”11.

Aguilar destaca que Althusser no desarrolló a profundidad las aristas que constituyen a estos malos sujetos. Por lo que si bien podemos acordar con él en que el sujeto se constituye siempre como sujeto alienado al orden social, a la vez, podemos plantear que el sujeto no es sólo sujetamiento, no es sólo la estructura que habla al lenguaje sino a la vez, es potencialidad de resignificación del mismo; no es sólo un precipitado pasivo de identificaciones sociales sino también locus de aceptación o de negación de la interpelación, de sumisión o de rechazo a las normas, en suma, los sujetos admiten o no, las interpelaciones de formas complejas y complicadas.

Así nuestra autora12 pone en el centro del debate a los llamados “malos sujetos”, aquellos que no atienden, que no son interpelados por la ideología dominante, señalando que si bien Althusser lo aborda, no explica su constitución porque desde su punto de vista, no agota las implicaciones psicoanalíticas del imaginario13 y porque los aparatos ideológicos del estado no son monolíticos sino que proyectan múltiples signos y aunque haya una ideología dominante esto no implica que sólo exista esta ideología, de suerte que en lo ideológico siempre hay fisuras que aunque dominadas, existen también materialmente, son estas últimas las que interpelan a los llamados “malos sujetos”.

En este contexto, en su obra posterior Crítica del sujeto expone como representante de estos malos sujetos a Antígona y el conflicto que ella personifica entre la obediencia a la ley divina y el sometimiento a la ley estatal; si Antígona puede llevar a cabo un quiebre tan radical con las leyes existentes de su grupo social, es porque primero ha podido liberarse de los llamados de la interpelación social obedeciendo a su propia subjetividad. Aguilar presenta a Antígona como:

…desafío a la vida, en la asunción de su propia muerte que es creación, rebelión contra un orden constituido que habla de nuestro lugar, contra la violencia que nos impone la historia, la historia de otro deseo, es la emergencia (surgimiento y urgencia) de un deseo que emerge al precio de perder la vida; es el punto de entrecruzamiento de órdenes varios, el humano y el divino, la encrucijada de valores masculinos y femeninos, de la paz del ciudadano a la anarquía; es el punto de conflicto entre la verdad vacía y el vacío pleno de significación.

En este análisis, Mariflor ve el acto de Antígona como una ruptura definitiva con la comunidad, el acto que lleva a cabo Antígona se aleja de la interpelación social y marcha en pos de su propia voz, es decir, es impasible a los mandatos simbólicos de los demás, construye su propio imaginario.

A lo largo de su vasta obra, Aguilar va profundizando en esta problemática de la constitución de los malos sujetos, retomando a ŽiŽek14 quien también ha cuestionado el argumento altusseriano señalando que éste no explica el vínculo entre los aparatos ideológicos del Estado y la interpelación, es decir, ¿cómo el sujeto internaliza dichos aparatos? ¿Es válido plantear que la interpelación significa per se la identificación?

En este sentido, nuestra filósofa analiza la apropiación zizekeana de El Proceso de Kafka, en el cual el sujeto no entiende el llamado de los aparatos ideológicos del Estado, no se identifica con los aparatos judiciales del aparato burocrático que lo interpelan y por ende no puede identificarse, es decir, plantea que el llamado de los aparatos ideológicos del Estado no significa una respuesta automática por parte del sujeto, este puede responder o no a los llamados, puede ser interpelado exitosamente o no serlo. Mariflor15 argumenta:

Si comprendemos que nuestras acciones responden a convocatorias o exhortaciones que son dirigidas indistintamente pero que se reciben como si estuvieran dirigidas especialmente a nosotros mismos y, que, por otro lado, no son fácilmente perceptibles, podremos estar en mejores condiciones para conducirnos a nosotros mismos con autonomía en tanto que estaríamos abiertos a una nueva sensibilidad de la pluralidad y antagonismos de los llamados convocantes.

En suma, sus interrogantes en torno a ¿qué imaginario se encuentra a la base de la subjetividad de los malos sujetos?, ¿qué simbólico los interpela?, ¿a cuál llamado están respondiendo?, que han atravesado la noción de los malos sujetos de esta importante filósofa pueden comprenderse mejor a la luz de su discusión con Ernesto Laclau en torno a las elucidaciones sobre la constitución de los llamados "malos sujetos”.

Laclau también concibe a la ideología como una ilusión necesaria, construida discursivamente que consiste en hacer creer que un sentido de un contenido particular es el único posible, en esta perspectiva, la ideología también deja de ser pensada como falsa conciencia y en cambio se propone como la operación discursiva de una particularidad que es representada como la única capaz de encarnar la plenitud imposible, es decir, como imaginario social siempre incompleto e inacabado. La interpelación, por ende, es una práctica que tiende a constituir sujetos, estos son nombrados en procesos de identificación y su efectividad dependerá de la medida en la cual el sujeto se reconoce en la interpelación discursiva.

Sin embargo, Laclau tiene una fuerte diferencia con Althusser quien recupera de Lacan únicamente los registros simbólico e imaginario pero no rescata el registro de lo real16 como espacio de irrupción del sujeto. Este registro es concebido como ámbito pre-simbólico cuando Lacan plantea que el estadio del espejo también da origen a una falta identitaria constitutiva porque el sujeto al descubrir su propia imagen a partir de la presencia del otro como algo diferente, no solamente se constituye a partir del otro sino enfrenta también la falta, la existencia del afuera-adentro y esa huella permanece en el aparato psíquico del sujeto.

Para Laclau la llamada falta del sujeto, en tanto incapacidad constitutiva de instaurarnos como sujetos plenos porque la falta re-emerge constantemente impidiendo la consolidación de la identidad, significa que las pretensiones de cubrir esta carencia mediante la identificación que intenta dotarnos de una identidad estable fracasan, esta falla resalta el carácter irreductible de la falta, la cual a su vez sostiene nuestros intento incesante por llenarla.

En este aspecto, para Laclau toda identidad política está internamente dividida, requiere afirmarse a partir de aquello que le falta. Laclau y Zac17 señalan: “la función de llenado requiere de un espacio vacío, y éste es, en cierta medida, indiferente al contenido del llenado; aunque esta función de llenado debe estar encarnada en algunos contenidos concretos, estos contenido podrían ser cualesquiera”.

De esta manera, Laclau incorpora lo real lacaniano al ámbito político como dimensión antagónica que impide la completud de la sociedad y su imposibilidad. Surge así la posibilidad de que frente a lo real, los sujetos tengan su posibilidad de emergencia en el panorama dislocatorio y esta posibilidad emerge de la categoría dislocación. Laclau18 plantea que hay una centralidad creciente de la categoría dislocación porque:

Toda identidad es dislocada en la medida en que depende de un exterior que, a la vez que la niega, es su condición de posibilidad. Pero esto mismo significa que los efectos de la dislocación habrán de ser contradictorios. Si por un lado, ellos amenazan a las identidades, por el otro, están en la base de constitución de identidades nuevas. [Esto es así, señala Laclau, porque] el campo de las identidades sociales no es un campo de identidades plenas sino el de un fracaso, en última instancia, en la constitución de estas últimas.

Cabe precisar que la noción de dislocación en Laclau se asocia con la temporalidad, la posibilidad (indeterminada) y la libertad19. Lo anterior implica un descolocamiento, consecuencia de la situación de falta que presupone la referencia estructural, una estructura es dislocada por la penetración de elementos que no formaban parte de ella.

Es aquí donde Aguilar debate con Laclau en cuanto al momento de emergencia de los malos sujetos porque como se mencionó arriba los “malos sujetos” para Laclau se constituyen a partir de la irrupción de lo real, en tanto destrucción traumática de su realidad, como aquello que irrumpe y disloca lo simbólico y lo imaginario, dando lugar a la construcción de nuevas identidades.

Aguilar20 (2007, dixit) cuestiona esta noción de sujeto dislocado a partir de la consideración de que la posibilidad de una nueva identificación que actúa como momento de decisión frente al cual el sujeto se transforma a través de nuevas identificaciones, no necesariamente opera de manera disruptiva. Plantea que la decisión no necesariamente implica una trama dislocatoria sino que existen diversas posibilidades, por ejemplo, un entretejido de interpelaciones que modifican la red simbólica anterior del sujeto o un socavamiento previo de dicha red que llevan al sujeto a decidir su adscripción a una nueva trama simbólica.

Es lo que podría aproximarnos a entender la existencia de los “malos sujetos” desde lo simbólico y desde lo imaginario, es decir, estos malos sujetos se han identificado con interpelaciones subterráneas, antagónicas al orden social hegemónico. De esta forma, la autora plantea: “…el llamado puede implicar tanto el sometimiento a una cultura, como la escucha de una exhortación que resignifica y si acaso, “libera”21.

Efectivamente, como señala la autora, puede existir un socavamiento previo de un sistema simbólico, lo cual ya desordena la inscripción del sujeto en ese entramado simbólico e imaginario y da origen a una nueva identificación, y es esto lo que considero es uno de los mayores aportes a la explicación de los malos sujetos y lo que le permite argumentar a esta filósofa la posibilidad de un horizonte utópico, en lo que Aguilar (2005, dixit) llama las fisuras de la jaula.

Es esta noción de fisuras en la jaula la que representa no sólo el compromiso de Mariflor Aguilar por intentar construir un vínculo entre la filosofía y la realidad cada vez más aberrante de nuestro país, por ejemplo en su investigación en torno a las ciudades rurales sustentables de Chiapas sino también la que nos permite hablar de una filósofa que ha dedicado su biografía a ser un gran y espléndido mal sujeto, a la búsqueda incesante de la libertad de esta gran jaula que nos aprisiona cuando en su última obra Resistir es construir destaca: “Resistir, pues, tiene la grandeza de ser una dimensión luminosa de la condición humana, además de tener la importancia de representar una alternativa más articulada y compleja, que no se vincula necesariamente con el estar o no estar, sino quizá con el cómo estar”22.

Por último, quiero cerrar mi homenaje a Mariflor Aguilar con un fragmento del poema No ha lugar de Breton que pienso la representa: “Arte matinal, arte nocturno. Aparezco a la ventana muy lejos en una ciudad presa de espanto. Afuera hombres en bicornio se persiguen a intervalos regulares. Parecidos a las lluvias que yo amaba. Cuando hacía un tiempo tan hermoso. ‘A la rage de Dieu’ es el nombre de un cabaret donde entré ayer. Está escrito en el vidrio blanco con letras más palidecidas. Pero las mujeres-marinos que tras el cristal se deslizan. Demasiado felices son para sentir miedo. Nunca el cielo siempre el silencio. Nunca la libertad sino para la libertad”.

Notas

1. Altusser reconoce como aparatos ideológicos del Estado a la religión, la escuela, la familia, el sistema político, el sindicato, los medios de comunicación y la cultura. Althusser, Louis "Ideología y aparatos ideológicos del Estado. Notas para una investigación," en Althusser, Louis. La filosofía como arma de la revolución, México, Ediciones Pasado y Presente, 1988.

2. Aguilar, Mariflor, Teoría de la Ideología, México, UNAM. 1984, p. 73.

3. Aguilar, Mariflor, “Interpelación y subjetividad” en Aguilar, Mariflor Seminario Hermenéutica, sujeto y cambio social, Facultad de Filosofía y Letras-UNAM, México, 2005, p. 6.

4. Heidegger, Martin, La proposición de fundamento, Ediciones del Serbal, Barcelona, p. 92. Disponible en ttp://www.heideggeriana.com.ar/textos

5. Ibid, p. 88.

6. Aguilar, Mariflor, "Alteridad y crítica. Hermenéutica y posestructuralismo", en Coloquio Internacional la Filosofía y sus Métodos. Naturaleza, diversidad, complementariedad e inconmensurabilidad, Perú, 2016, p. 7.

7. Ibid, p. 8.

8. Las cuales tienen una existencia material. Althusser plantea: “…cada ideología existe siempre en el seno de un aparato y en su práctica o prácticas. Esta existencia es material”. Althusser, op. cit., p. 116. Por su parte, Aguilar plantea: “…un aparato ideológico no es una institución, la familia, por ejemplo, sino que más bien la institución familiar es una forma materializada del aparato ideológico, es un instrumento, un medio de articular-organizar espacial-moral-jurídicamente ciertas prácticas que definen el aparto ideológico” Aguilar, Teoría de la ideología, op. cit., p. 54.

9. Althusser, Louis, Ideología y aparatos ideológicos del Estado, op. cit., p. 131.

10. Ibid, p. 124-125.

11. Ibid, p. 43.

12. Aguilar, Mariflor. Teoría de la ideología, op. cit., p. 69-70.

13. Tanto lo simbólico como lo imaginario son retomados de la etapa del estadio del espejo en Lacan quien pone en el centro de la conformación de la identidad, a la otredad, así tanto lo simbólico (ideal del yo, la introyección) como lo imaginario (yo ideal, la proyección) van a estar actuados para la mirada del Otro y de los otros. Vemos al Otro en nosotros y nos constituimos a partir del Otro, estructuramos nuestro yo especularmente y por ello, nos alienamos al gran Otro, a esa red institucional que introyectamos desde la más temprana edad y cuyo principal soporte se ubica en el lenguaje. Estos registros de lo simbólico y lo imaginario, aunados al registro de lo real (que será tratado posteriormente) se anudan entre sí y constituyen la estructura psíquica del sujeto y ésta se representa en la figura conocida como nudo borromeo.

14. ŽiŽek, Slavoj. El Sublime Objeto de la Ideología, México: Siglo XXI, 1998, p. 73.

15. Aguilar, Mariflor, Alteridad y crítica, op. cit., p. 11.

16. Como se sabe, en Lacan la subjetividad es construida tanto en lo simbólico (ideal del yo, la introyección) como en lo imaginario (yo ideal, la proyección) y se encuentra constitutivamente alienada porque ambos registros están constituidos y subordinados a la mirada del orden simbólico (el gran Otro lacaniano), de tal suerte que estamos en el Otro y el Otro está en nosotros al constituirnos a partir del deseo del Otro y en esta trama nos construimos en la enajenación porque el sujeto se aliena a la imagen que va a dar de sí mismo.

17. Laclau, Ernesto y Zac, Lilian “Cuidado con el vacío: el sujeto de la política” en Buenfil, R. N. (coord.) Configuraciones discursivas en el campo educativo, Plaza y Valdés-SADE, México, 2002, p. 260.

18. Laclau, Ernesto. Nuevas Reflexiones sobre la Revolución de Nuestro Tiempo, Buenos Aires, Nueva Visión, 1994. p. 55.

19. Ibid, p. 58 y ss.

20. Aguilar, Mariflor Seminario Hermenéutica, sujeto y cambio social, México: Facultad de Filosofía y Letras-UNAM. 2007.

21. Aguilar, Mariflor, Alteridad y crítica op. cit. p. 8.

22. Aguilar, Mariflor, Resistir es construir. Movilidades y pertenencias, México, UNAM-Juan Pablo Editores, 2013. p. 96.

 

Bibliografía

 

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