Presentación
Universidades Año 5 - No. 15 | No. 68

La desigualdad es el signo de nuestra época y testimonio del fracaso de los afanes igualitarios de la democracia moderna. La “desigualdad mata”, nos sugiere Göran Therborn, no solamente en términos de esperanza de vida sino de aspiraciones sociales, creatividad y convivencia democrática donde las diferencias de etnia, género, grupo social, ingreso y posición en el mercado de trabajo definen una escala de desigualdad cada vez más acusada 1.

El vínculo entre desigualdad económica y nivel de estudios, asociados a otros determinantes de la estructura social tanto en países desarrollados como atrasados, marcan las posibilidades de inscripción y capilaridad en una sociedad donde el conocimiento y su rentabilidad señalan mojoneras insalvables de la excluyente condición social de grupos mayoritarios.

La exclusión de una educación de calidad y de canales de inserción en los grupos directivos de la sociedad, ya sea a través del mercado y/o del gobierno, determina un patrón reproductivo de la desigualdad. La formación de elites profesionales se han iniciado de la educación formal pre-universitaria, atendiendo al nivel de recursos y el capital cultural acumulado en ciertos grupos sociales, pero se acusa en la selectividad de modelos culturales y capital social incrementado en la formación universitaria. Elegir universidad, en tanto modelo de sociabilidad, determina las trayectorias de éxito en la sociedad del conocimiento y los puestos estratégicos del mercado y la dirección política de los países.

Las herramientas y recursos de una educación globalizada, dada por la dotación de infraestructura, habilidades tecnológicas, lingüísticas y comunicativas marcan diferencias que segmentan inter-generacionalmente a grupos de menores recursos. Sin embargo, la idea de construir una sociedad del conocimiento basada en el aprendizaje, en una escala social incluyente, es condición necesaria para generar una economía dinámica y una sociedad del aprendizaje que abra cauce a la creatividad, el bienestar y un nuevo sentido de la dignidad, como sostienen Stiglitz y Greenwald 2.

Los trabajos que compila y presenta Lorenza Villa dan cuenta de estas preocupaciones en una escala de observación que combina en análisis microsocial especializada, referido a la mayor universidad pública de México, pero también en una dimensión dinámica que implica la migración territorial y social desde grupos étnicos excluidos, con énfasis en las aspiraciones e imaginarios de la capilaridad social. En un examen de conjunto, la coordinadora del número explica y documenta el sistema de interdependencias de la desigualdad, donde género, etnicidad y condición social signan la estructura de desigualdad social que caracterizan a nuestras economías del conocimiento.

La microescala de observación de estos ensayos nos convoca a una macroreflexión sobre las políticas de igualación social, transformación de los sistemas educativos y articulación de esquemas equitativos de acceso a los recursos del conocimiento. Nuestra economía del desperdicio, tanto de recursos no-renovables como de oportunidades y talento, son motivo de preocupación presente y retos de futuro: si no actuamos ahora, los jóvenes de hoy que viven la asimetría de la desigualdad serán los excluidos del futuro y nuestros países ensancharán la brecha del atraso y la desigualdad.

Del Archivo Histórico de la UDUAL, en proceso de digitalización para la consulta remota, Analhi Aguirre rescata un testimonio que se inscribe en la discusión de nuestro número: la vinculación entre desigualdad, autonomía y financiamiento público a la educación superior. La “Declaración de Guatemala”, que reclama esos derechos para la Universidad de San Carlos por sus pares de la región, representados en la Confederación Universitaria Centroamericana (CSUCA), nos remite a una vieja lucha por derechos sociales universales, como es la educación superior de calidad.

En nuestra sección de documentos, contamos con el testimonio de la trayectoria de la Universidad de Campinas, Brasil, que hoy se inscribe entre las tres primeras universidades publicas latinoamericanas en el ranking mundial. Un caso de acelerado crecimiento, exitoso modelo de articulación entre conocimiento, investigación para el desarrollo e innovación. El recuento de cinco décadas de internacionalización hecho por su rector, el doctor José Tadeu Jorge, es una valioso testimonio sobre un modelo universitario de calidad global, inserción local y estratégica evolución de la educación pública de calidad.

Finalmente, en nuestra sección de plástica la observación puntual de cuatro jóvenes artistas mexicanos, reunidos por Sergio Cabrera, dan cuenta de una diversidad de expresiones: desde lo irónico/icónico (Cabrera) a lo estático/dramático (Wence), en una escala cromática que licúa el color en la luz de un continuo abstracto (Delgado) a un hiper-realismo monocromático (Islas). Son tejidos de distinta densidad cromática, actitudes emotivas y observaciones cargadas de simbolismo. Retomamos el conjunto como mixtura de pericia técnica, gestos críticos y espejos de talento universitario volcado en imagen, color y volumen… Acudimos con ellos a la demanda de color y volumen, en una época de contraste social y un futuro licuado por el desencanto.

Antonio Ibarra
Director

Plástica Universidades No. 68

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