LOS USOS DE LA LENGUA CHONTAL

 Benjamín Pérez González

INTRODUCCIÓN

El grupo chontal de Tabasco ocupa la zona norte del estado; este territorio está conformado por grandes masas de agua: lagunas y pantanos que ven aumentados sus caudales con las periódicas inundaciones que sufre, debido principalmente a las intensas precipitaciones pluviales causadas por los “nortes” durante la época de lluvias.

Este vasto territorio caracterizado como selva tropical, ha ido modificándose durante los últimos años debido básicamente a la tala inmoderada de sus bosques, buscando con ello potreros para el desarrollo de la actividad ganadera y a los cambios que la explotación petrolera ha propiciado, entre ellos la desecación de grandes espacios y la contaminación que se produce con esta actividad.

Con estas características, no resulta extraño que desde su lejano poblamiento inicial, las actividades preponderantes en este enorme territorio se hayan centrado en las actividades agrícolas y pesqueras principalmente.

Después de la conquista fue introducida a gran escala una actividad  económica nueva para los chontales: la ganadería; dice Ruz (Ruz, p. 34):

“A la riqueza de la fauna autóctona original se sumó el rápido desarrollo de las especies traídas por los españoles: a cuatro décadas de la conquista, a más de la profusión de gallinas se reportaba la del ganado mayor, tan abundante, que desde los barcos podía apreciarse trashumando por las costas. Para 1579 Juan de Rebolledo poseía cerca de 1000 cabezas de ganado vacuno y entre 500 y 600 yeguas, potros, burros y mulas en su estancia de Chiltepec y entre 800 y 1000 reses en la de Dos Bocas; Juan Ruiz contaba entre “8 y 10 000 cabezas de ganado mayor y muchos puercos”, además de yeguas, que parecían entre las bocas del Grijalva y Chiltepec, en tanto que Martín de Vriona y Diego Alver eran propietarios de “7 a 8,000 cabezas de ganado y muchas yeguas y puercos”. Incluso algunos indios, sin duda los menos, tenían estancia de ganado mayor”.

A pesar de ello y como lo apunta Ruz, ni en esos tiempos ni en los posteriores pudo la ganadería ser parte de las actividades económicas de los chontales; quedó, eso sí, en manos de los ricos hacendados españoles primero y criollos y mestizos después. Esta situación se mantiene sin cambio hasta la primera mitad del siglo XX.

En la segunda mitad de ese siglo entra en auge la explotación de los mantos petroleros muy abundantes en la zona, lo que ha provocado grandes cambios de todo tipo no sólo entre la población aborigen sino también entre la población mestiza que, por consecuencia, afectan –a manera de rebote- a los chontales de Tabasco.

En la actualidad, aún cuando la agricultura y la pesca siguen siendo las actividades “naturales” propias de los indígenas, aunado a un pobre desarrollo de la actividad ganadera realizada por unos cuantos chontales que cuentan con un poco más de capital, los ingresos económicos de los indios se pueden contar entre los más bajos que se presentan en el país.

Y si bien el aspecto económico es deprimente para esta etnia, el aspecto cultural lo es más aún. La lengua, las costumbres, las fiestas, la artesanía se han visto afectadas por los cambios que a nivel social y económico se han producido en el Estado. Esto se debe a que, en busca de un mayor ingreso, los jóvenes se ven obligados a salir de su comunidad para integrarse a las fuerzas de trabajo de las ciudades; aun cuando a muchas personas esta perspectiva no les atrae, tienen que hacerlo puesto que en sus propias comunidades no hay ya tierras que cultivar, tierras propicias para la ganadería que –por otro lado- han venido disminuyendo en extensión porque PEMEX (la empresa estatal productora de petróleo) expropia a los indígenas para extraer petróleo. Esta situación puede verse claramente hoy mismo en el poblado de Oxiacaque.

Estas personas, al verse obligadas a vivir en concentraciones urbanas, fuera de su mundo y sin mayor contacto con la gente de su etnia, poco a poco va abandonando su cultura y va adquiriendo la occidental. Su lengua, igualmente, ya no les es útil porque ya no hay nadie con quien comunicarse y nada que comunicar. El resultado de todo este conjunto de situaciones es fácil percibirlo: en dos o tres generaciones esa cultura milenaria, tan rica y tan propia parece estar desaparecido a ritmo acelerado.

Sin embargo, creemos que esta situación de aparente pérdida tan rápida, puede ser modificada en parte. Sabemos que la desaparición de las lenguas en un proceso irreversible y en el que participan multitud de factores diversos, pero sabemos también que si se conjuntan algunos factores clave, el proceso puede cambiar. En el caso de los chontales de Tabasco, cuya lengua y –consecuentemente- su cultura, se encuentran en un, al parecer, acelerado proceso de desaparición, existen factores que bien manejados pueden ofrecer alguna alternativa diferente, por ejemplo, retrasar el proceso haciéndolo más lento.

Creemos que hay situaciones que, conjuntándolas, pueden ayudar en la tarea de revitalización de la lengua. Hay un cierto apoyo de las autoridades estatales para el uso de la lengua; hay –aunque pocos- indígenas interesados en el desarrollo cultural del grupo; la opinión pública tabasqueña no se opone al reconocimiento y revitalización de las culturas indias del Estado (chontal y chol, y, finalmente, existen programas federales de educación bilingüe que podrían ser la base en esta tarea de revitalización de la lengua.

 ANTECEDENTES

 Por distintas razones, el estudio de las diferentes lenguas indígenas de México siempre ha ocupado un lugar importante en el campo de la investigación social en éste así como en muchos otros países. En efecto, desde que los españoles conquistaron la Gran Tenochtitlan, una de las principales tareas a las que se dedicaron fue la evangelización del indio. Pero para llevar a cabo esa labor, los misioneros se vieron en la necesidad de estudiar y aprender las lenguas indias, gracias a lo cual han llegado hasta nosotros magníficos trabajos.

Esta labor se ha mantenido sin interrupción hasta nuestros días y, si bien durante los muchos años de la Colonia los principales productos fueron Artes, Gramáticas, Confesionarios, etc., el estudio de las lenguas aborígenes a partir de la década de los años cuarenta ha producido obras que caen ya dentro del campo de la aplicación de la lingüística,  principalmente en dos aspectos: en la elaboración de materiales didácticos para la enseñanza de la lecto-escritura y en la enseñanza de segundas lenguas. Con ello se han creado las bases que pueden fundamentar la educación bilingüe y bicultural que en los últimos años ha alcanzado una enorme importancia en muchos países que –como el nuestro- cuentan con una población aborigen que alcanza cifras significativas (en México alrededor del 8% de la población total) y cuya integración al desarrollo socioeconómico de una nación se hace imprescindible.

En México, en el transcurso de los años se ha realizado un gran trabajo en lo referente a la lingüística descriptiva, a la lingüística histórica y comparada y a la distribución geográfica de la población hablante de lenguas indígenas. En las últimas décadas, sin embargo, los intereses de las nuevas generaciones de lingüistas han favorecido las investigaciones sociolingüísticas, de sociología del lenguaje, así como los trabajos cuyo tema central es el análisis etnolingüístico.

En cuanto se refiere al chontal de Tabasco; el balance de las investigaciones lingüísticas es pobre. Contamos, hasta este momento, con trabajos eminentemente descriptivos y, aun éstos incompletos; algunos estudios sobre las variantes dialectales de Frontera, Nacajuca y Macuspana, un trabajo sobre la estructura del verbo y dos diccionarios. Como material didáctico, podemos mencionar dos o tres libros de lecto-escritura y algunos libros de literatura oral. En el campo de la sociolingüística aparecieron algunos artículos que tocan el tema del uso de la lengua.

Como puede notarse, la producción lingüística ha sido pobre hasta ahora, sin embargo, queda mucho por hacer, más que en el aspecto descriptivo, en el campo de la etnolingüística, la sociología del lenguaje y la lingüística histórica y comparada.

Hemos considerado que la lengua es el último rasgo cultural –o uno de los últimos- que pierde cualquier grupo étnico, bien sea cuando muere el último de sus hablantes o bien cuando la etnia ha sido completamente absorbida por otra.

En el caso de los chontales de Tabasco, esto –afortunadamente- aun no sucede, lo que no quiere decir que no se encuentre en peligro de extinción, aunque debemos aclarar que es una situación un tanto diferente a la que muestran otros grupos indígenas del país y ello nos debe obligar a ser más cuidadosos en la interpretación de los datos, antes de emitir un juicio acerca de qué tan cerca se encuentra su desaparición.

Si retrocedemos en el tiempo y observamos cómo se manejaban los chontales en la región, a través de la información que nos llega de las fuentes, veremos que los chontales tradicionalmente han sido bilingües.

En efecto, ya señala Ruz (Ruz, p.45), que para épocas muy antiguas es decir, al llegar los españoles a territorio tabasqueño, encontraron a los chontales “ubicados en cerca de 100 asentamientos en las áreas vecinas a los Ríos Candelaria, Usumacinta, Chilapa y Grijalva, ésta última conocida precisamente como la Chontalpa, y si bien cada una de las cuatro áreas de poblamiento chontal empleaba una variante dialectal éstas eran comprensibles entre sí, lo que facilitaba el intercambio llevado a cabo no sólo entre los habitantes de la provincia sino incluso con regiones distantes como el altiplano central de México, y cincunnavegando la península de Yucatán, hasta el actual territorio de Honduras”.

Por otra parte, sabemos también que en Xicalanco y Potonchán existían importantes grupos de población de habla nahua y que ahí se llevaban a cabo los grandes intercambios comerciales con grupos de habla maya y zoque. Todo ello nos lleva a considerar que el comercio, actividad fundamental para los chontles, los obligaba a tratar continuamente con personas que manejaban otros idiomas por lo que, para asegurar los mejores resultados en sus transacciones, los chontales debían aprender alguna de esas lenguas para alcanzar una mejor comprensión en sus tratos.

Posteriormente, durante la Colonia, la escasa población indígena sobreviviente, se vio forzada a relacionarse –como encomienda- con los españoles y la comunicación se efectuaba en español. Dado el escaso número de aborígenes y ante un panorama de enfermedad y muerte debido a las condiciones poco propicias del territorio, la población española fue extremadamente reducida y, por consecuencia, la evangelización del los indios también fue escasa; de manera tal que esta situación obligaba a los chontales a aprender necesariamente el español pero, al mismo tiempo, mantenían el uso de su lengua materna en el hogar.

Estas condiciones se mantuvieron por muchos años, incluso hasta llegar a la primera mitad del siglo XX ya que, debido a las condiciones geográficas del Estado, éste se mantuvo casi totalmente aislado del resto del país, pues no es sino hasta los años cincuenta aproximadamente, que la capital del Estado se une por carretera con el resto del territorio nacional.

Esta situación de aislamiento geográfico, aunado al poco atractivo del territorio tabasqueño (falta de vías de comunicación, escasísimo territorio cultivable, cero infraestructura económica) es lo que permite a los chontales, vivir tranquilamente casi en forma idéntica a como lo habían hecho sus antepasados: cultivando maíz y cacao, pescando, tejiendo petates y sombreros, construyendo sus casas con materiales de la región, etc., es decir, siendo autosuficientes en lo económico, en lo social, en lo religioso.

Con el auge del petróleo empieza a transformarse su mundo y para el gobierno central con su preocupación demagógica de ofrecer “educación para todos” los chontales, como muchos otros grupos, empiezan a ser considerados. De aquí que también en esta zona se desarrollen los programas de educación bilingüe, se cuente con carreteras, se inunde el territorio con radios y televisores, se ofrezcan empleos y todo ello conduzca a incrementar las interrelaciones del grupo chontal con los grupos mestizos.

Hasta este momento, los chontales son –como decía al principio- bilingües tradicionalmente.

Durante la década de los años sesenta, se empieza a hacer extensiva la aplicación de los programas de educación bilingüe auspiciados y mantenidos por la Secretaría de Educación Pública. Dichos programas se implantan en la mayor parte de los territorios indígenas. Uno de los primeros problemas a resolver fue el de la capacitación de los maestros indios; para ello la Dirección de Educación Extraescolar en el Medio Indígena, dependiente de la S.E.P., organiza anualmente cursos de capacitación y actualización para maestros. Por otro parte, contando con la colaboración del Instituto Nacional Indigenista y el Instituto Lingüístico de Verano, la Secretaría empieza a elaborar materiales para la enseñanza utilizando para ello las diversas lenguas indígenas. Estos materiales se conocieron como libros de lecto-escritura y se empezaban a elaborar materiales de lectura en esas lenguas.

Esta labor fue realizada durante escasos tres años (1972-1975) y si bien fue útil en varios sentidos, podemos decir, en general, que fue un fracaso porque la preparación del personal docente no fue suficiente y los materiales elaborados tampoco, pero más que nada, el fracaso de se debió a que no hubo continuidad en los programas y los objetivos perseguidos poco a poco se desvirtuaron.

En Tabasco, como en el resto de la República se trataron de imponer programas bilingües en las escuelas indígenas de la zona, aunque con resultados igualmente nulos. Y aquí podríamos decir que esos resultados se debieron principalmente a los maestros quienes rechazaron la capacitación en educación indígena y continuaron aplicando los mismos programas que se utilizaban en las ciudades, sin tomar en cuenta ni la lengua ni la cultura de los alumnos.

La situación social, en lo que respecta a la lengua, aun era favorable a ésta. La población era predominantemente bilingüe, aunque todavía podían encontrarse monolingües de chontal, principalmente entre los ancianos y las mujeres. Si bien entre los jóvenes empezaba a perder prestigio la lengua materna, la población más adulta y madura continuaba usando el chontal en su interrelación con otros miembros de la etnia, reservando el uso del español, para sus contactos con gente extraña al grupo y sus relaciones con las autoridades.

No debemos perder de vista que estamos hablando de la década de los sesenta y setenta. Hasta esos años, la comunicación con el mundo exterior había sido escasa; no había penetrado la TV y la Radio tenía poca incidencia. Las carreteras eran pocas y la población se mantenía estable en cuanto al número.

A mediados de esos años setenta se suceden varios hechos que van a cambiar drásticamente el panorama. Ejemplificaremos  esto con lo sucedido en el municipio de Nacajuca, sabiendo  que la situación se repite, casi sin cambios, en los otros lugares ocupados por población chontal.

El primero de ellos fue el establecimiento de un misión católica de monjas quienes de inmediato prohiben una serie de rituales y ceremonias que los indígenas realizaban en el templo católico.

El segundo impacto para esta etnia, lo constituye la creación de un Centro Coordinador dependiente del Instituto Nacional indigenista que lleva a cabo acciones que modifican la economía tradicional del grupo, como por ejemplo, al crear los llamados “camellones chontales” con los que supuestamente se crearían terrenos de cultivo ganados a las aguas de las lagunas y los pantanos, pero que contrariamente a los que se esperaba, rompe el equilibrio ecológico de la zona y empobrece, por consecuencia, la pesca, una de las actividades económicas tradicionales de los chontales.

Junto con lo anterior debe agregarse el impacto que se hace evidente con la presencia de muchas personas ajenas al grupo, hablantes de español y poseedoras de una cultura diferente.

El último gran acontecimiento que afecta de manera irreversible a los chontales es la explotación petrolera que lleva a cabo PEMEX en muchos de los lugares habitados desde hacia siglos por los chontales. Se refuerza considerablemente la presencia no indígena en la zona, con todas las consecuencias que de ello se derivan: prostitución, alcoholismo, costumbres diferentes en el vestido, necesidad de contar con dinero, comidas diferentes, diversiones y toda una gama de elementos culturales extraños que ahora se van imponiendo poco a poco a la población nativa.

 LOS USOS DE LA LENGUA

 A la vista de la situación que hemos delineado antes, surge la pregunta, en el transcurso de estos sucesos ¡Qué ha pasado con la lengua chontal? Intentemos pues, dar aquí nuestra percepción sobre este asunto.

A diferencia de lo que sucede en otros grupos étnicos de México, entre los chontales de Tabasco el bilingüismo siempre ha estado presente como ya apuntábamos; por lo tanto, no debe sorprendernos el hecho de que en cualquier comunidad chontal por lejana que se encuentre, la comunicación puede darse en español.

De aquí se sigue que, programas educativos, por ejemplo, el problema de la enseñanza del español como segunda lengua se diluya. Esto establece una primera gran diferencia con otros grupos entre los cuales ocupa un lugar importante en la educación, la enseñanza del español.

La lengua materna, esto es, el chontal, es una lengua que ha mostrado gran vitalidad en la historia del grupo. A pesar de que siempre se ha encontrado conviviendo con otras lenguas (nahuatl y maya en tiempos prehispánicos y español durante la colonia y en tiempos actuales), siempre se ha mantenido en uso en los contextos más íntimos y valiosos de la etnia: en las reuniones de algunas organizaciones tradicionales (la mayordomía, por ejemplo) ya que la lengua les permite a los miembros interactuar entre sí con base en la comprensión cabal de sus valores sociales y religiosos. Igualmente sucede con otras prácticas religiosas que no correspondan estrictamente a la ritualidad católica, y en los que se hace necesaria la utilización de la lengua materna (ofrendas y ruegos dirigidos a sus deidades que, según los indígenas, comprenden mejor el chontal).

Los niños, durante la realización de juegos, utilizan ampliamente la lengua materna, aun cuando los maestros en la escuela insisten en utilizar mayormente el español.

Las mujeres, en sus quehaceres cotidianos y en el intercambio de información entre ellas utilizan mayormente el chontal, al igual que en su interrelación con los hijos pequeños y con otros miembros de la familia.

En el desarrollo de las actividades económicas tradicionales, esto es, en los trabajos relacionados con la agricultura, la pesca y las artesanías, generalmente los chontales usan su lengua nativa más que el español.

La curación de las enfermedades, utilizando para ellos los recursos de la medicina tradicional, se lleva a cabo en chontal, puesto que con términos de esta lengua se conocen las plantas medicinales y se efectúan los rezos y peticiones que acompañan a cada curación.

Finalmente, la gente madura y los ancianos prefieren utilizar su propia lengua en cualquier situación, más que el español.

A primera vista parecería que el chontal, ha perdido terreno frente al español, debido a la gran cantidad de préstamos que se hacen presentes en la lengua. Sin embargo, observando con mayor cuidado notamos que muchos de esos préstamos conviven lado a lado, con palabras chontales que presentan el mismo significado (noj grande barco = grandes barcos noj = gran, grande) y este no es un fenómeno reciente. Esto quiere decir que el contacto de estas dos lenguas viene de antiguo y que todavía el español no ha logrado imponerse del todo.

Un observador superficial tiene la impresión de que el chontal es una lengua a la que le queda poca vida frente al impetuoso avance del español. A nuestro parecer esta impresión no es del todo acertada. Si bien en las últimas tres décadas la lengua mayoritaria ha irrumpido con gran ímpetu en la zona chontal a raíz de los cambios socioeconómicos que se han generado en la zona (explotación petrolera, más y mejoren vías de comunicación, programas educativos en todos los niveles y grandes contingentes de personas ajenas al grupo), obligando así a la población aborigen a una mayor interrelación y, por ende, a una mayor utilización del español, no es menos cierto que la lengua materna se ha refugiado nuevamente (como durante la Colonia) en los hogares.

Es cierto que los jóvenes utilizan cada día la lengua nacional, pero también es cierto, como ya decíamos, que la madres siguen comunicándose con sus hijos en chontal; que esta lengua es la preferida cuando se trata de intercambiar información entre los campesinos, pescadores y artesanos; que las ceremonias religiosas del grupo se siguen efectuando en chontal, etc.

Agréguese a esto el clima social de aceptación que priva en las distintas capas de la sociedad tabasqueña y el interés de las autoridades federales por todo lo indígena y tendremos un panorama más real de lo que actualmente sucede.

Cuando una cultura convive durante largos periodos de tiempo con otras que es más fuerte podemos esperar, lógicamente, que más tarde o más temprano desaparezca; como apunta un joven estudiante chontal “De la misma manera en que se han ido perdiendo muchas de las costumbres y tradiciones entre el grupo chontal de Nacajuca. También la lengua nativa muestra cierta tendencia a extinguirse........”(De la Cruz, p. 22).

Sin embargo, este mismo autor muestra su confianza cuando afirma que “a partir del uso que se le da a la lengua se vislumbra una continuidad de la lengua en la región de Nacajuca, es decir, la lengua chontal persiste aunque, no negamos, se observen cambios notables en ella” (id.p.29) y esto, a pesar de que en lo que se refiere al aspecto lingüístico “no ha existido una política real que tienda a fomentar la conservación y el desarrollo de la lengua chontal. El sistema de educación indígena bilingüe-bicultural existente en la región no es más que una falacia de política (sic) para los chontales” (id.p.30).

 CONCLUSIONES

 Como hemos visto, la lengua chontal de Tabasco sufre actualmente el impacto de la lengua mayoritaria del país, esto es, el español. Y si bien es cierto que, a la larga, la balanza se inclinará  por éste, creemos firmemente que esa situación puede retrasarse.

A pesar de los embates constantes del español en todos los ámbitos de uso del chontal, el Censo de 1990 nos muestra que esta lengua mantiene su ritmo vital aunque un tanto disminuido. En efecto, según este Censo, la población hablante de chontal en el Estado de Tabasco alcanza  la cifra de 47 967 individuos, de los cuales 25 332 son hombres y 22 635 son mujeres (Tabasco. Hablantes de lengua indígena). Esto quiere decir que a pesar de la migración a las ciudades, el contacto continuo con personas extrañas al grupo y la invasión del territorio chontal por los medios de comunicación culturalmente ajenos, la lengua chontal se mantiene en uso.

La interrogante que se nos aparece ahora es: ¿Qué medidas deben tomarse para que esta lengua continúe usándose y se fortalezca?

Creemos que pueden adoptarse distintas medidas que podrían ser más o menos efectivas; pero cualquiera que se adopte debe considerar como prioritario para su ejecución el aporte que la propia gente indígena pueda ofrecer, ya sea en la planeación o en la ejecución de los programas de rescate y revalorización de la lengua que se puedan implementar.

BIBLIOGRAFIA

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 De la Cruz Hdez., Eusebio y A. Luciano R. “Persistencia del chontal en Nacajuca, Tabasco”. En: De la realidad al deseo: hacia un plurilingüismo viable. Gabriela Coronado S. (ED.) Cuadernos de la Casa Chata No.169.CIESAS. México, 1989.

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 Ruggeroni L., Dande A. y M.E. Moreira de Ruggeroni. La Población de Tabasco en el siglo XVI, CICOM. Gobierno del Estado de Tabasco.

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